infinito
Arañaste donde nunca dije tener y dejaste tu huella indeleble y sangrante, de borbotones hoy vida y mañana, sí, mañana muerte anunciada. Vivo sádico del dolor y muero en paz en cada reencuentro allí donde nadie llegó. Arrastro de la argolla prieta la condena al querer sin atisbos para marcar con sangre un reguero visible al amor de verdad, adalid corpóreo fraguado en mil caricias sentidas, miradas. Ha caído el telón, se acabó la función, empezó la tramoya a crujir y una sombra de dos, abrazados al fin, agiganta el camino que hierve esa sangre pisada, trazada, hasta un suave infinito para ti, para mí.
